RESEÑA DE CRAC DE GONZALO HERMO



 

 

Imbecille!

Come potevi pensare che ti avremmo ucciso?

Non lo sai che noi vorremmo ucciderti mille volte,

fino ai limiti dell'eternità, se l'eternità potesse avere dei limiti?

 

Saló o le 120 giornate di Sodoma, Pier Paolo Pasolini

 

 

 

Romper, sangrar, amor. Y un paisaje de violencia se nos muestra densísimo como el ojo que lo ve fluyendo ya desde las primeras páginas de este libro. Crac (2011) se abre como una escuela de resentidos y fluye. Golpes, llanto, muerte… componen un código de representación estrecho e incisivo que nos conduce a un ethos participativo (y no menos alentador) contra la heteronormal ley de la humanidad contra sí misma.

Poemas cúmulo de una memoria empática con los que han sufrido el horror toman aquí la primera persona de un singular múltiple o poliedro: un yo-otros, un yo de otros e, incluso, un yo que ya no lo es o no la había sido nunca, como lo es “á estranxeira a carauta”.

Son cuerpos mutilados, niños cadavéricos y hambrientos, “enfants terribles que sangran polo nariz” que se levantan contra una historia perversarmente escrita. Esa corona que cae, una imagen repetida aquí y en los poetas contemporáneos más próximos: metonimias y dinastías que escriben soberanía, deseo y cuerpo en una misma hoja.

“Entón decidimos que o discurso era o único modo posível / de revolución”. Así los otrora vencidos buscan redimir por la venganza un amor ausente a los iguales en el que se sabe diferente. En Crac, esa boca partida es la que habla, ese ojo europeo es el que ve y ese marica burgués es el que parece sentir. Hiroshima-Acra-Auschwitz. Ya lo habían hecho antes otras bocas, otros ojos y otras pieles diferentes, es cierto, pero Gonzalo Hermo (Rianxo, 1987) siembra en estas páginas, con el poder de la escritura y la belleza, una ‘memoria’ selectiva que apunta más allá, al lugar común de la herida y la mucosa, al epicentro corpóreo del ser, del estar y del padecer, al acontecer mismo del cuerpo, tan decrépito, precario, temporal.

“Renuncio a unha escrita afectada” es uno de los versos y nada promete tanto como un primer libro abierto de este modo. Y las promesas, como sabemos, hay que leerlas al menos un par de veces y tenerlas en cuenta el resto de la vida. Crac es eso, una promesa líquida. Es un libro~límite, como la herida, el umbral o el paraíso, como la extranjera, el fetiche o la ramera, como la raya o el hambre. Es un libro~río, como la escritura. Es un libro~violín, burgués y sucio. Por todo ello es, como quien dice, un libro~parís.

 

 

 

París, febrero de 2014                               

           

     Gonzalo Vázquez 

Publicado originalmente en el número 4 de la revista Caravansari de poesía peninsular.

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